8 nov 2010

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No. El no quería que corriera detrás de él... no quería mas oportunidades regaladas al azar. No quería otra discusión en la piel, en la sangre, en sus huesos. Solo quería escapar sin tener que sentirse un idiota más pisando la tierra. Pero aun así escuchaba sus dulces pasos persiguiéndolo a toda prisa. Esas son las cosas que lo hacían dudar de lo que realmente quería y no bastaba más que un grito desesperado para dar vuelta la cara.

- ¡Espera!

Dicho y hecho. Eso era todo. Solo así caería a sus pies. Era tan fácil como una sola palabra... 3 sílabas, 6 simples letras... Estaba desnudo, sin armas: los filos gastados, las balas sin pólvora, el fuego sin gas...
- ¿Qué quieres? ¿ seguirás acaso con tus ideas absurdas? ¿con tu constante ir y venir que no consigo comprender? Tu indecisión me tiene hundido hasta el último mechón de pelo. Antes de haberme fijado hubiera preferido tener un manual para poder entenderte... ¿Por qué lo haces todo tan difícil? Y ahí encuentro mi error y me arrepiento tanto de haber sido tan incapie en eso, haber sido tan idiota para reconocer que eso era lo que más me gustaba de ti: tu maldita y dolorosa complejidad.

Como es habitual entre ellos un silencio helado, molesto y oscuro los distanciaba mucho mas que el metro que había entre la punta de sus pies. El que venía corriendo comenzó a sentir por sus mejillas tibias y tranquilizadoras lágrimas de terrible dolor, sollozos de un corazón que se sentía vacío.

- No seas así conmigo. Me equivoqué. Lo sé. Pero aun no aprendo a perder y no quiero aprender contigo. Sé que te dije que no te amaba. Bueno... fue un error. Traté de mentirte ocultando algo que desde hace 15 años ya sabía. Siempre te amé... aunque no me creas... te amo desde el momento en que tus ojos desnudaron los míos en una fracción de segundo. Tan fulminante fue como floreció el amor que siento hoy por ti que al explotar dejo en mi corazón una cicatriz indeleble que por más que quisiera hacerme el tonto e ignorarla no puedo. Mi alma reconoció en la tuya el brazo que le faltaba para sostener mi cuerpo, la boca que le faltaba para besarme... el valor para poder decir que eres lo que en mi vida entera me faltó. Aun después de encontrarte me hiciste falta y ese fue mi problema. Haberte dejado atrás por el miedo que surgió en mí... por el miedo de decirte y reconocer que eras, eres y seras quien habite mi corazón y mi carne. Eres el color de mis ojos, el aroma del aire que respiro, el sabor de las cosas dulces que me gusta comer al despertar, eres la caricia que anhela mi espalda y eres la melodía que retumba en mis oídos... ¿te cabe alguna duda de lo que siento yo por ti?

Antes de que el terminara de decir la última frase, ambos hombres se encontraban fundidos en un abrazo que duraría por siempre aunque no se tocaran por culpa de la distancia... un abrazo que los abrigaría del frió y los cobijaría en la tormenta... un abrazo para toda la vida... un abrazo para hacer florecer la primavera... un abrazo, eso es todo.

1 comentario:

  1. Cuando seas escritor, seré de los primeros en comprar tus libros. Yo leo weás amateur, pero nada comparado con esto. :o

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